La enigmática ‘Tierra de las Siete Luminarias’, Valle de Santiago

Con vocación predominantemente agrícola, Valle de Santiago forma parte de la zona productora más importante del sector agroalimentario en el estado de Guanajuato. Se localiza muy cerca al corredor industrial al sur de Salamanca, por lo que también aporta mucha mano de obra al sector industrial.

Llena de historia colonial y cultura con mucha tradición, este municipio guanajuatense cuenta con su propio encanto sin ser uno de los municipios más conocidos, visitados o promovidos turísticamente, pero lleva en su naturaleza peculiaridades que lo hacen propio de admirar y conocer más a fondo.

La fundación de este lugar se dio gracias a primeros los asentamientos de indígenas de origen purépecha, dentro de un territorio que tuvo gran actividad volcánica hace mucho tiempo atrás, lo que creó un valle de siete cráteres, actualmente denominado La Tierra de las Siete Luminarias.

La peculiar formación de cráteres cuyos centros, en su mayoría, han formado preciosos lagos, han sido inspiración de diversos mitos y metáforas en torno a su origen y relación con el universo. Por ello es que a cada una de ellas se le atribuye una importante carga energética y el poético sobrenombre de ‘ los espejos que reflejan las estrellas‘.

De los cráteres se hacen comparativos con galaxias y constelaciones del espacio exterior, de las que la versión más popular es la que relaciona a las siete luminarias con la la Osa Mayor, que también posee siete estrellas.

Una frase popular dice ‘Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba‘; una ley que menciona la relación inevitable entre el cosmos y el microcosmos (el universo y el ser humano), y que formó parte de culturas prehispánicas que fueron transmitiendo esta cosmogonía.

Se tienen registrados 16 de estos cráteres en todo el valle, que curiosamente, se denomina ombligo de toda la República Mexicana, sin embargo, son siete las luminarias más célebres:

La Alberca o Templo del silencio, donde se dice que su lago no tiene fondo, pues contiene canales subterráneos y remolinos en su centro. Sus aguas son sulfurosas.

En Hoya de Cíntora, hay un lago de agua salada al que se le atribuyen propiedades curativas. Su interior se encuentra conformado por una serie de cuevas en las que se han encontrado pinturas rupestres y vestigios arqueológicos.

Hoya de Flores o de Álvarez, es el más grande de los cráteres. Su interior aguarda aguas termales y manantiales que brotan desde su suelo. También se han hallado cuevas con murales prehispánicos y áreas ceremoniales.

Hoya de Álvarez, una de las 7 luminarias - El Sol de Salamanca

A Rincón de Parangueo se llega atravesando un túnel de unos 500 metros de largo. Se dice que es uno de los cráteres con mayores concentraciones de energía, sus aguas son alcalinas. Dato curioso: la banda Zoé grabó en 2008 un videoclip (Nada) ahí.

Se dice que las aguas de Hoya de San Nicolás de Parangono, formadas en tiempos de lluvia, cambian drásticamente de color para presagiar un evento climático, correspondiente también a la llegada de una nueva estación del año.

Hoya Blanca conocida, también, como Hoya de Piedra, es el cráter de mayor altura, con una altitud de mil 850 m.

En Hoya de Solís se cultiva todo tipo de vegetales. No contiene lagos en su interior.

Este enigmático lugar vive entre leyendas, como la que nombra a hombres gigantes que viven bajo los cráteres; además de avistamientos extraterrestres que causan su carga energética, así como monstruos prehistóricos y lagos sin fondo.

Una de las historias más populares y que cuenta con notables pruebas, es la que refiere a los vegetales gigantes que han sido cultivados en la zona, dentro de los espacios utilizados para la agricultura.

Se tiene el registro de que el primer hombre en sembrar lechugas, nabos, coliflores y otras verduras de grandes dimensiones, fue el campesino José Carmen García Martínez, quien adjudicó la creación de sus vegetales gigantes a procesos astrológicos que dictaban el tiempo adecuado para sembrar por medio de cartas astrales.

Sin embargo,  no puede descartarse el hecho de que estos cráteres contienen propiedades minerales que bien pudieron ayudar en la cimentación de la cosecha.

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